Trabajo social y justicia social: un manifiesto para una práctica nueva y comprometida.
- El Trabajo Social Hoy
El trabajo social en Gran Bretaña está en crisis. Hay quien dice que esto no es nuevo, sino que es un proceso que empezó hace más de treinta años. Nuestro punto de partida, entonces, es que no podemos permitir que esto siga treinta años más.
Urge encontrar formas más efectivas de resistir las tendencias dominantes dentro del trabajo social y buscar el camino hacia una práctica nueva y comprometida.
Muchos entramos al trabajo social porque nos sentíamos comprometidos con la justicia social y con la esperanza de realizar cambios positivos en la vida de la gente
Hoy las posibilidades de trabajar en este sentido son cada vez más limitadas. El trabajo social en la actualidad está marcado por el gerencialismo, por la fragmentación de servicios, por la escasez de recursos , por la burocracia, por mayores cargas de trabajo y por el predominio de conceptos de ‘la administración de la beneficiencia’ que se basan en indicadores cuantitativos y la intervención cada vez mayor del sector privado. Es cierto que estas tendencias están presentes desde hace tiempo en la administración de los servicios del estado, hoy día enmarcan y determinan el trabajo del trabajador social de primera línea. El resultado es la creciente distancia entre gerentes y trabajadores por un lado, y por otro entre el trabajador social y el usuario de los servicios. Cada vez más la preocupación principal de la gerencia es el control del presupuesto y no el bienestar de los usuarios, lo cual a su vez transforma la relación entre trabajador y cliente en una relación de control y supervisión en vez de cuidado
Sin que hayan cambios de rumbo fundamentales en el trabajo social, ni un nuevo título profesional de trabajador social, ni nuevos órganos como los Consejos de Bienestar Social recién establecidos en Gran Bretaña podrán traer mejoras. No pasan de ser ‘ajustes técnicos’ que no tocan la raiz profunda del problema. Y las autoridades que ofrecen incentivos económicos a los nuevos entrantes, creyendo que eso va a resolver la crisis, se equivocan, pues sólo desplaza el problema.
Ante la ausencia de una respuesta organizada, era de esperarse que la gente reaccionara de distintas formas.. Algunos trabajadores sociales abandonan la profesión, pero para muchos esa opción no existe. Otros abrieron espacios en su lugar de trabajo donde se podía practicar un trabajo social íntegro –en el sector voluntario, por ejemplo, o en proyectos más específicos– pero son pocos los que tienen estas oportunidades – e incluso en el sector voluntario las tendencias gerencialistas rigen cada vez más.
En estas circunstancias, la necesidad de un trabajo social comprometido con la justicia social y dispuesto a enfrentar la pobreza y la discriminación, es mayor que nunca. Este es el proyecto que defendemos. Por encima de todo, el trabajo social debe entender el vínculo entre los ‘asuntos públicos’ y los ‘problemas privados’y enfrentar los dos a la vez.. Por lo mismo, los que detentan el poder en la sociedad tendrían mucho interés en ver un trabajo social desmoralizado y derrotado, e incapaz de llamar la atención a la miseria y dificultades que enfrentan tantos en nuestra sociedad. Por ese solo hecho, el trabajo social merece que lo defendamos.
El desprestigio que sufre actualmente el trabajo social como profesión se vincula directamente al desprecio con que se mira a los que servimos. Los clientes del trabajo social se encuentran entre los más vulnerables y empobrecidos, y sin embargo son los que menos beneficio han sacado de las reformas al estado de bienestar introducidas por el gobierno nuevo laborista. De hecho, bajo el Nuevo Laborismo no sólo ha habido un aumento en la inequidad material, sino también ha lanzado una campaña para desprestigiar a los buscadores de asilo, a los jóvenes y a las familias pobres, es decir justamente aquellos con los que el trabajador social se relaciona con más frecuencia. A final de cuentas el trabajador social muchas veces no puede hacer más que ser testigo del deterioro de la vida ajena.
Es por eso que a diferencia de aquellos que felices aceptarían una profesión desmoralizada y callada, nosotros estamos comprometidos con un trabajo social que se centra en la prevencón y en el desarrollo de prácticas colectivas. Debemos reconocer que la buena práctica ha perdido mucho terreno en años recientes, precisamente por el dominio de las nuevas tendencias. Urge entonces un trabajo social capaz de colaborar con una nueva política social, basándose en las luchas de nuestros clientes ante una gama de problemas emocionales, sociales y materiales, e inspirándose en la fuerza que ellos descubrieron en el curso de esas luchas.
2. Fuentes de esperanza
Muchos trabajadores sociales se desesperan, pues no ven salida alguna a la situación actual. Y se entiende su actitud, dado el maltrato que el trabajo social (y los trabajadores sociales) han recibido por parte de los políticos y los medios amarillistas en los últimos 25 años. Pero esto no debe desviar nuestra atención de las nuevas fuentes de esperanza que han aparecido en años recientes y que indican el camino hacia una práctica renovada del trabajo social que tiene algo que aportar a la creación de una sociedad más justa y humana.
En años recientes hemos presenciado el surgimiento de organizaciones de usuarios ( con la discapaticació y la salud mental, por ejemplo) que emplean métodos innovadores e introducen nuevas formas de ver los problemas sociales e individuales. De ellos han salido nuevos enfoques y métodos para responder a sus necesidades –los abogados colectivos, por ejemplo, o en el campo de la salud mental los grupos Oyendo Voces, además de experiencias como el modelo Casaclub, donde son los mismos usuarios los que dirigen. Son los usuarios mismos que crearon estos modelos nuevos, y no los profesionales, lo que subraya una vez más la necesidad de que el trabajo social aprenda de y se comprometa con estos movimientos, asociándose en el desarrollo de nuevos conocimientos que deben a su vez formar la base de nuevos currículos.
Ultimamente hemos presenciado el crecimiento de movimientos internacionales de protesta contra el capitalismo y la guerra. El trabajo social de los años sesenta y setenta fue influenciado por el llamado ‘espíritu de los sesentas’: la protesta contra la guerra de Vietnam, el movimiento negro y el movimiento de la mujer - de allí su énfasis en la lucha contra la opresión . El que resurjan movimientos anti-guerra y anti capitalista hoy, por primera vez en treinta años nos da nuevas ‘fuentes de esperanza’. Los grupos de usuarios y las ONGs han colaborado con ellos, con buenos resultados, sobre todo en materia
de justicia social. Juntos se opusieron a la ortodoxia de la globalizacion neoliberal por su impacto devastador sobre los pobres y desposeídos del mundo, y sobre el medio ambiente, y por el costo humano de la privatizacion de servicios.
El movimiento anti-capitalista surgió de las protestas contra la Tercera Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Seattle en 1999 y desde entonces se extendió por todo el planeta, fusionándose luego con el movimiento contra la guerra. En febrero del 2003 el espíritu de la protesta anti-capitalista llegó de forma dramática a Gran Bretaña, cuando 2 millones de personas se manifestaron en Londres contra la guerra en Irak. El carácter amplio e incluyente del movimiento, además de su juventud y ánimo sirvieron para reanimar a muchos que habían caido en la desesperación, incluso dentro del movimiento sindical.
Los movimientos nuevos no se limitan a protestar contra la guerra y el capitalismo, sino que también piensan en futuros alternativos. En los diversos Foros Sociales Europeos y Mundiales se reunían grandes cantidades de personas para compartir ideas y hablar de cómo se crea un mundo diferente. Estos debates nos ayudaron a pensar en un nuevo trabajo social comprometido y moderno basado en valores‘anti-capitalistas’ fundamentales como la democracia, la solidaridad, la responsabilidad, la participación, la justicia, la equidad, la libertad y la diversidad.
Hemos llegado a una encrucijada. Un camino lleva al gerencialismo y una mercantilización progresiva, con su frustración y desconsuelo para los trabajadores de primera línea. El otro, en cambio, indica la posibilidad, - y no es más que eso - de un trabajo social renovado y regenerado que se comprometa con las fuentes de esperanza que representan los nuevos movimientos colectivos por un mundo mejor.
3.Una carrera ética
Hemos aprendido mucho durante la prolongada crisis del trabajo social en Gran Bretaña que nos ha llevado a un estado de las cosas que a nadie le puede parecer aceptable. Nos ha enseñado que no hay vuelta al pasado y que un cambio progresivo debe implicar necesariamente que intervengan usuarios junto los trabajadores de primera línea. Los gerentes ya tuvieron su momento para realizar cambios a su manera, la que nos demostró que los sistemas ‘presupuestarios’ son crueles y destructivos del ser humano. A diestra y siniestra encontramos a las víctimas de esa metodología, sean clientes o trabajadores sociales. De tanta confusión se ha aprendido que el trabajo social no debe definirse a partir de su función para el Estado sino por los valores que lo impulsan. Y sobre todo ha demostrado la necesidad de la organización colectiva, tanto para defender una visión de trabajo social basada en la justicia social como para defender las condiciones de trabajo que lo hacen posible.
En el pasado muchas personas entraban al trabajo social porque parecía ofrecer una forma de ganarse la vida sin oprimir o explotar a los demás, sino que por el contrario podría contribuir, aunque fuera sólo un poco, al cambio social. En otras palabras, era una carrera ética. Poco a poco se ha ido drenando esa potencialidad, impulsando el trabajo social hacia la mercantilización y gerencialismo de los últimos quince años.Y sin embargo, sigue siendo el caso que la mayoría entra en la profesión no para administrar sistemas de cuidado ni castigos comunitarios y menos para poner límites a los servicios , sino más bien para aportar algo positivo a la vida de los pobres y los oprimidos. Si la fuente de la rabia y la frustración expresadas por muchos trabajadores sociales es la creciente brecha entre la promesa y la realidad, también lo es la conciencia de que el trabajo social podría ser mucho más de lo que es. Es por eso que muchos seguimos en la profesión, a pesar de todo.
La organización Gente y Planeta incluye el trabajo social en su lista de ‘Carreras Éticas’. Si vamos a merecer la etiqueta, será urgente que nos juntemos y nos organicemos en base a una visión común de lo que puede y debe ser un trabajo social que lucha contra la opresión.
Esta declaración representa un pequeño paso hacia esa meta.
Chris Jones, Professor of Social Work, University of Liverpool.
Iain Ferguson, Senior Lecturer in Social Work, University of Stirling.
Michael Lavalette, Senior Lecturer in Social Policy, University of Liverpool.
Laura Penketh, Lecturer in Social Work, University of Manchester.
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